21 febrero 2015

Carrera del Guadiamar

Hace unas semanas pude por fin correr mi primera prueba de fondo, la Carrera del corredor verde del Guadiamar. Eran 30 kilómetros la longitud para comprobar como era mi estado físico para la maratón de Sevilla. Y todo salió bien.

La preparación, la de siempre, un buen desayuno, aunque no tan descansado porque estuve despertándome varias veces durante la noche temiendo perder el autobús de la 8 de la mañana que era el que me llevaría a Sanlucar la Mayor.

Y la estrategia, muy bien también: me puse detrás en la meta y estuve corriendo muy lento, sin prisas y sin fijarme como me adelantaba, mi objetivo era tener un ritmo lo suficientemente cómodo como para no cansarme, controlar y todo fue de maravilla hasta el kilómetro 17 en el que ya me sentí fuerte y decidí aumentar el ritmo adelantando corredores hasta que en el kilómetro 22 me entró un chino en un pié y tuve que pararme para sacarlo, pude recuperar los metros perdidos sin embargo en el km 27 empezó la cuesta que subía al pueblo y volví a parar porque el corazón se me salía y me iba a dar un infarto.
Cuesta en la carrera Guadiamar
Cuesta en la carrera del Guadiamar
En este punto más del 90 % de los corredores hicieron lo mismo, hice alguna foto y alguno hasta protestó diciendo que no era precísamente el mejor momento y contesté que era la realidad, todos estábamos subiendo andando, jeje.

A falta de un kilómetro y otra vez sobre llano, los corredores empezamos a ponernos en marcha y pude entrar en meta marcando un tiempo de 3 horas y 7 minutos.

Me gustó este tipo de carreras, porque aunque iba solo, el ritmo era lo suficientemente tranquilo para conversar de vez en cuando con algunos corredores que se ponían a tu lado, de uno me enteré que había corrido 10 maratones y daba consejos a su compañera de que no había que estrenar ropa los días de competición. Yo por mi parte estuve hablando con otro corredor sorpendido de que fuera él en camiseta y pantalón corto diciendo que si bien al mediados de carrera sentí calor y me quité el cortavientos, cuando íbamos de regreso y el sol se puso en mi espalda tuve que volver a abrigrame, llevaba tres capas, las mallas en las piernas y el gorro. La mar de calentito y a gusto.

Hubo más anécdotas como el corredor que iba cantando a viva voz canciones de rock, o la chica que con su amiga llevaban un perro, también vi a un ciego con tres acompañantes a muy buen ritmo, me adelantaron.

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