14 septiembre 2013

De qué hablo cuando hablo de correr

Portada del libro De qué hablo cuando hablo de correr
Tomando prestado el título del libro que he leído estos días de Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr, haré lo mismo que él: Escribir mis pensamientos y lo que siento antes, durante y después de que me pongo a correr. Por supuesto, no voy a escribir un libro, ni aspiro a ser novelista y tampoco he corrido maratones como él. es más, aún no sé si algún día correré un maratón.

Este libro me cayó en las manos casi por casualidad. Hace unas tres semanas fui a devolver otros dos de Bauman a la biblioteca Alberto Lista de la calle feria, fue entonces cuando vi en una estantería destacada un montón de libros de autores japoneses con las portadas de cara; la estantería había sido preparada por un grupo local del barrio para celebrar el año de Japón en España y de esta manera querian fomentar la lectura de escritores nipones, en uno de ellos vi la figura de un corredor de espaldas y el título mencionado, y al ver que era amena su lectura, decidí pedirlo prestado.

Lo primero que me sorprendió del libro es que, a pesar de que la biblioteca es muy pequeña, contara con dos ejemplares para préstamo, y que el libro había tenido ocho ediciones en tan solo un año; debía de ser bueno, ¿No?

Haruki cuenta de una forma muy sincera como empezó a correr, simplemente fue a consecuencia de su decisión de ser escritor, viendo que el trabajo era muy sedentario y fumaba mucho pensó poner remedio; Al final la actividad de correr se ha convertido en una afición tan importante como lo es escribir, y aunque no ha ganado digamos muchas medallas y premios haciendo este deporte, sí se lo toma bastante en serio. Para él tomarse en serio esta actividad significa correr todos los días al menos una media de 10 kilómetros, yo esa distancia la hago cada dos días y no considero que me lo tome muy en serio, realmente lo hago porque me siento muy bien cuando acabo, lo considero que es una alternativa al step que durante muchos años hice en gimnasios y ahora no puedo hacer; pero sobre todo, lo que más me refuerza, es la sensación de que puedo marcarme moderados objetivos los cuales llego conseguir casi siempre y, por muy mal que te vaya en la vida, en el trabajo, los amores o la salud, conseguir estas metas refuerzan mi autoestima.

Llegada a la meta en carrera popular de Sevilla
Llegada a la meta en carrera popular de Sevilla
Pero empezemos por el principio ¿Por qué empecé a correr? pues me da un poco de vergüenza confesar que durante mi vida alguna vez lo había intentado, ya fuera en un paseo, en la playa sobre todo, o por el campo, pero al cabo de pocos minutos, me ahogaba, me cansaba y tenía que parar, me decía a mí mismo que esto no era para mí. En las carreras populares o el famoso Maratón de Sevilla, que varias veces fui a ver, mis sentimientos hacia los corredores siempre era admiración, no era envidia ni siquiera sana, porque no era para mí una necesidad y nunca lo eché de menos, simplemente lo había probado y no funcionaba.
Pero, e aquí que hace un año y medio, por navidades me "echo pareja" y me dice ¿Sabes? Suelo ir a correr al río, tenemos que correr juntos" Dios!! Pensé para dentro, -"¡pero si yo no sé correr!"- Así que al día siguiente estaba yo en el rio con pantalones cortos para intentarlo; me dije, lo importante es no parar, controlar la respiración y no parar. y lo logré! Corrí unos cuatro kilómetros muy despacio casi durante una hora de puente a puente, y al acabar sentía mis piernas como si llevara unos muelles.

Pasarela flotante de madera sobre el río Guadalquivir
Pasarela flotante de madera sobre el río Guadalquivir
A partir de ese día fui mejorando los tiempos y aumentando las distancias. A los pocos meses conocí a Miguel que buscaba gente para correr juntos. Él tenia mucha más experiencia y mejor forma, fue paciente conmigo las primeras semanas y se fue adaptando a mis ritmos, hasta que pasadas tres semanas ya estábamos casi igual, hasta tal punto que nos apuntamos a la carrera nocturna y por fin, mi primera carrera. Fue a lo grande, entrar en el estadio de la cartuja; estaba muy cansado, a un par de kilómetros antes de entrar en la meta me falló las fuerzas, le dije a Miguel, que corría a mi lado, que continuara solo; yo estaba feliz, me daba igual si me adelantaban otros corredores, para mí terminar una carrera nunca lo había soñado.

Pero volviendo al libro; Hay algunas cosas en la que nos parecemos, por ejemplo, no nos gusta los deportes competitivos uno contra uno, ni de equipos en el que unos pierden y otros ganan; corriendo sabemos que nuestro adversario somos nosotros mismos, nuestras marcas, nuestras metas personales, en mi caso sé que he empezado a correr muy mayor y lo que he aspirado esta temporada de carreras populares es a terminar en la clasificación de mi categoría por encima de la media, cosa que solo conseguí en la última y ahora... pues simplemente mantenerme, ahora solo corro para disfrutar, seguiré entrenando para preparar una media maratón, ya que mi primer intento fue un fracaso, llegué a meta arrastrándome y estuve una semana lesionado cojeando.

Dorsal de carreras populares #Sevilla10
Dorsal de carreras populares #Sevilla10
Más arriba hablaba que no sé si alguna vez haría una maratón y pienso que ya eso es excesivo, es demasiado sufrimiento, sale fuera de lo que considero disfrutar una carrera. Por otra parte sería una pena no aprovechar la maratón de Sevilla y eso de que "al menos una vez en la vida hay que intentarlo".

Cosas importantes que he aprendido: La noche antes de la carrera, (suele correrse casi todas por la mañana), me sienta muy bien comer arroz con pollo o salchichas y, aunque también aconsejan pastas, éstas suelo comerla con atún y no las digiero muy bien y se me repite por la noche o a la mañana siguiente, día de la carrera. El desayuno, la mitad de lo que acostumbro a comer un par de horas antes de la carrera necesito levantarme para digerirlo todo bien.

Lo que considero lo más esencial, tal vez: no ahorrar en las zapatillas de deporte, o por lo menos no correr con cualquier zapato, el resto de equipación que te sea cómodo, ropa interior para evitar roces, y en mi caso un gorro en invierno, he aprendido que es por la cabeza por donde me resfrío. Soy muy friolero y hasta bien entrada la primavera voy con un cortavientos. El verano lo suelo soportar bien, el calor no me importa, lo único que me molesta es no comprender porqué, a pesar de llenarme el estómago de agua, si logro hacer un recorrido bebiendo frecuentemente en algunas fuentes, la garganta y los labios se me vuelven a secar a los pocos minutos de haber bebido.

Botellas de agua en avituallamiento

Dejo para finalizar las sensaciones que me da correr, confieso que soy un poco bruto y que me controlo poco, cuando se da la orden de salida, no puedo controlarme y me entran unas ganas horribles por aumentar los ritmos, me pongo a cien en los primeros metros, parece como si fueran los San Fermines, en cambio, con mis compis de carrera suele suceder lo contrario, tanto Miguel como Aurora y Paqui empiezan lento y a medida que se desarrolla el recorrido es Miguel quien me alcanza aproximadamente a mitad de carrera, luego corremos varios kilómetros juntos, pero en cuanto se presenta la primera cuesta, se me acaban las pilas y me despido de Miguel que se aleja en busca de la meta. Es algo que supongo con el tiempo podré corregir.

Aurora y Miguel corriendo por la vía verde de Camas
Aurora y Miguel corriendo por la vía verde de Camas
Es completamente distinto que cuando corro solo, hoy por ejemplo he disfrutado en el campo; he descubierto que la noche me atrae, me compré una luz frontal para unas carreras que organizaba en el Aljarafe un amigo, y la he usado las noches de verano en zonas naturales del parque nacional de Doñana; los ruidos del campo de bichos o pájaros, sentir el fresco de la noche que me pone los vellos de punta sin saber si es de miedo o es por el cambio térmico; acercarme por los caminos hacia la orilla y oir poco a poco con más intensidad como rompen las olas, el mar... y los olores... Recuerdo correr por la noche con plena baja mar y, al no tener puntos de referencia en la arena húmeda y dura que pisaba, pareciera que estaba en una cinta de gimnasio sin saber si realmente estaba avanzando, ... el faro fijo en el horizonte, la luz de las farolas del paseo marítimo seguían estando, en paralelo a mi camino demasiado lejas para saber si se movian también conmigo. Y si es por el día quitarme la camiseta para estar más fresco y sentir la brisa del atardecer. Si corro por Sevilla con Miguel, a veces aprovechamos los aspersores que riegan los jardines para refrescarnos. Tengo ganas de que vuelva el otoño y primavera, es una buena época para salir de la ciudad sin temor al Sol y explorar las vías verdes que recorren los alrededores, descubrir caminos y sentir como la naturaleza va cambiando sus formas y colores
Atardecer en dársena del Guadalquivir sobre el parque de El Alamillo, Sevilla
Atardecer en dársena del Guadalquivir sobre el parque de El Alamillo, Sevilla
A pesar de todo, he tenido algún susto, una vez me desmayé y perdí el conocimiento; sé cuales son mis límites, y al regresar otras veces he tenido que parar porque no merecía la pena ponerse malo, uno tiene que saber escuchar a su cuerpo. Sobre todo, repito, consiste en disfrutar y sentirse bien.

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